En el marco del Mes del Ambiente, unirSe realizó un nuevo encuentro de Conversaciones que Transforman, el ciclo que impulsa junto a Hilton Buenos Aires. El desayuno reunió a representantes de organizaciones de distintos sectores con el objetivo de intercambiar experiencias sobre los desafíos ambientales en las organizaciones y su creciente impacto en la gestión.
Como en cada reunión del ciclo nos recibió Clariana Vanoni Gerente de PR, RSE y Sustentabilidad de Hilton Buenos Aires y compartimos la mesa con Alejandro Beber Gerente de Relaciones Institucionales y Sustentabilidad de Bitali; Pía Madanes Quintanilla Responsable de Comunicación y Sostenibilidad del Grupo Aluar; Ana Paula Ferrari Titular de Conciensus; Paola Pandra Fundadora de Refill Lab y Matías Pisani Analista Senior de Sostenibilidad en Banco Galicia.
La conversación dejó una primera conclusión. Si bien la agenda ambiental es compartida, las prioridades cambian según la actividad y los desafíos de cada organización. Mientras para algunas el foco está puesto en la transición energética, otras enfrentan el desafío de reducir las emisiones asociadas a la logística y otras encuentran en la gestión de residuos su principal punto crítico.
El territorio del desafío
Clariana Vanoni – “En Hilton Buenos Aires, los desafíos ambientales se vuelven más visibles en la gestión responsable de los recursos: energía, agua y materiales. La trazabilidad es clave para comprender el impacto real de nuestras operaciones y avanzar hacia un modelo más eficiente.
Nos gustaría consolidar en el mediano plazo un sistema integral de trazabilidad de recursos, que permita medir de manera detallada el ciclo de vida de los insumos, desde su origen hasta su disposición final.”
Alejandro Beber – “En Bitali, vemos que nuestra huella de carbono en logística se torna cada vez más visible y con mayor peso en nuestras emisiones. Producimos y comercializamos alrededor de 90 mil colchones por mes, con 5 plantas industriales y 11 centros de distribución en todo el país, la logística de nuestros productos es realmente un gran impacto. En ese sentido, venimos trabajando en morigerar esa huella con la contratación de flota con vehículos eléctricos (aunque una parte pequeña) y al mismo tiempo impulsar la venta de colchones compactados (conocidos como los “colchones en caja”) que implican una tercera parte de la logística por el volumen del producto.
Asimismo, en el uso de la energía para la producción, si bien hoy operamos nuestra planta principal de El Talar, en Tigre, con 100% de energía renovable que le compramos a YPF Luz, tenemos el proyecto de instalar paneles solares para la autoproducción de energía limpia.”
Pía Madanes Quintanilla – “El mayor desafío ambiental de Aluar, como para cualquier productor de aluminio, es seguir reduciendo su huella de carbono. Como empresa electrointensiva, la energía es el factor determinante y, aunque nuestra huella ya es menos de la mitad del promedio mundial de nuestra industria, la búsqueda es constante. Hoy nuestro foco está en la transición hacia fuentes de energía limpias, donde la última ampliación de nuestro Parque Eólico Aluar (PEAL) marca un hito visible: a fin de año tendremos casi 600 MW de energía eólica conectada directamente a nuestra planta de Puerto Madryn, consolidándolo como el parque más grande de la Argentina.
A futuro, un gran desafío es avanzar en el reciclado de aluminio post-industrial a escala. Hoy reciclamos descartes internos, pero incorporar aluminio de descarte de otras industrias requiere circuitos de recolección que aún no existen en la escala que necesitamos y tecnologías que todavía están en fase experimental, y no son escalables a nivel industrial. Es un camino complejo pero inevitable para seguir bajando la huella a mediano y largo plazo.”
Matías Pisani – “En nuestro caso, uno de los ejes donde el desafío ambiental se vuelve más visible es en la gestión del riesgo climático. Cada vez es más evidente que no se trata solo de una agenda ambiental, sino de un factor que puede impactar de forma directa en las operaciones y en el sistema financiero en su conjunto. En particular, estamos empezando a entender con mayor profundidad cómo los eventos físicos y los cambios regulatorios pueden afectar la actividad de nuestros clientes y, en consecuencia, su capacidad de repago.
De cara al mediano plazo, el desafío es consolidar este análisis dentro de la gestión de riesgos y la toma de decisiones del negocio. Dar el paso de la concientización a la implementación concreta: contar con herramientas, métricas y procesos que nos permitan anticiparnos, gestionar estos riesgos de manera más estructurada y acompañar a nuestros clientes en esa transición.”
Ana Paula Ferrari – «Hoy los desafíos ambientales hacen cada vez más evidente que las soluciones no pueden abordarse de manera aislada. Es fundamental trabajar de forma colaborativa, integrando no solo la dimensión ambiental, sino también el impacto social. En el mediano plazo, esperamos seguir fortaleciendo alianzas con empresas y organizaciones que compartan esta mirada para generar soluciones de mayor alcance.»
Paola Pandra – Desde Refill Lab, sentimos que el desafío ambiental más visible y urgente en nuestra industria es la crisis global de los envases de un solo uso. La industria cosmética tradicional genera miles de millones de desechos plásticos anuales; es un modelo lineal insostenible. En el día a día, esta problemática se vuelve visible en la contradicción del consumidor: el deseo de cuidar su cuerpo con productos de calidad, versus la frustración de llenar su tacho de basura con plásticos, estuches y celofanes desechables cada vez que se termina un champú o un jabón. Ahí ingresa nuestro modelo circular de triple impacto. No concebimos la sustentabilidad como una concesión estética o de baja calidad, sino como una experiencia premium y sensorial.
De cara al mediano plazo, el avance que nos gustaría ver consolidado es el arraigo de la cultura del refill como un hábito masivo y naturalizado, y no solo como una tendencia de nicho. Queremos romper la brecha entre la intención sustentable y el comportamiento real del consumidor. El objetivo es que rellenar un frasco en casa sea un proceso tan accesible y común como comprar un envase descartable, consolidando un modelo que demuestre que la economía circular es tanto ecológica como económicamente rentable.
También quedó claro que la economía circular sigue siendo uno de los temas donde persisten mayores tensiones. Recuperar materiales, reducir residuos o desarrollar esquemas de postconsumo ya forman parte de la estrategia de muchas organizaciones, pero la conversación mostró que los resultados dependen de variables que exceden la capacidad de acción de una empresa. Infraestructura, tecnología, articulación entre actores y comportamiento del consumidor aparecieron una y otra vez como factores que condicionan el cierre efectivo de los ciclos.
Otro aspecto que atravesó el intercambio fue la incorporación del riesgo climático en la toma de decisiones. Para muchas organizaciones ya no se trata únicamente de medir impactos ambientales, sino de comprender cómo la variabilidad climática puede afectar la disponibilidad de materias primas, la continuidad de determinadas actividades, las cadenas de suministro e incluso el acceso al financiamiento. Esa mirada ya forma parte de las decisiones de inversión, de la evaluación de proyectos y de la planificación de largo plazo. El riesgo climático dejó de analizarse únicamente desde la gestión ambiental para incorporarse como una variable que influye en la estrategia de cada organización.
Lo que quedó resonando
Pía Madanes Quintanilla – “Me gustó aprender cómo otras industrias enfrentan desafíos similares. Es un espacio distinto a otros foros: más íntimo, lo cual permite un intercambio genuino de experiencias. Me fui pensando en cuánto tenemos para aprender unos de otros cuando el contexto invita al diálogo real.”
Clariana Vanoni – “Lo más valioso fue confirmar que el intercambio de prácticas sostenibles entre diferentes industrias nos enriquece y abre nuevas perspectivas. Escuchar experiencias diversas nos ayuda a pensar soluciones ‘fuera de la caja’, a identificar oportunidades que quizás no hubiéramos considerado desde nuestra propia operación y a fortalecer la red de impacto colectivo.”
Alejandro Beber – “La principal idea que me llevé es la del real impacto que tiene el cambio climático en las distintas actividades de las compañías. Por caso, la situación del Banco Galicia como actor financiero de la actividad agropecuaria, y la tremenda incidencia que tienen los eventos climatológicos en toda su operación, especialmente de su operación de créditos y riesgos.”
Paola Pandra -” Me encantó la propuesta de desayuno, mesa chica, donde conocemos de otras industrias de primera mano sus desafíos, objetivos y maneras de encarar su mejora en términos de impacto en nuestro país.”
Matías Pisani – “Uno de los puntos más valiosos del intercambio fue la idea de que la sustentabilidad ya no puede pensarse como algo accesorio, sino como parte integral del negocio. Hoy las organizaciones que logran generar impacto sostenido son aquellas que incorporan estos temas en su estrategia, en sus decisiones y en su forma de operar, no como un área aislada sino como un enfoque transversal.
En esa línea, nos quedamos con la reflexión de que la sustentabilidad tiene que funcionar como un habilitador: no solo para mitigar riesgos, sino también para mejorar la eficiencia, optimizar costos y abrir nuevas oportunidades. Entendida de esta forma, deja de ser un “nice to have” y pasa a ser una herramienta concreta para resolver problemas reales y construir modelos de negocio más competitivos y resilientes.”
Ana Paula Ferrari – “Lo más valioso fue confirmar, a través de experiencias concretas, que los grandes desafíos se resuelven cuando se construyen de manera colectiva. El intercambio reforzó la importancia de la colaboración entre distintos actores para impulsar soluciones con impacto real y sostenible.”
Quizás el mayor consenso del encuentro fue que los temas ambientales hoy se juegan en la gestión. La conversación se centró en cómo producir, cómo transportar, cómo consumir energía y cómo gestionar residuos, pero sobre todo en cómo esas variables se incorporan a las decisiones de inversión y a la estrategia. Lejos de respuestas definitivas, el intercambio mostró la complejidad de integrar competitividad, innovación, gestión del riesgo y desempeño ambiental en un mismo proceso de toma de decisiones.















