El 23 de abril se llevó a cabo la Gala de premiación del EY Entrepreneur of the Year™ Argentina 2026. La ceremonia destacó a empresarios y emprendedores que, a lo largo del tiempo, han demostrado liderazgo, innovación y resiliencia en contextos desafiantes.
En la categoría Social, el reconocimiento fue compartido por Juan Manuel de la Fuente (Fundación PUPI), Jorge De All (Asociación Civil Cuerpo & Alma) y Betiana Velaz (Fuerza Mujeres), destacando su compromiso con el desarrollo social y comunitario.
En esta oportunidad entrevista dialogamos con Betiana Velaz, directora general de Fuerza Mujeres Argentina y compartimos aquí la entrevista.
-Acompañar el desarrollo de las mujeres requiere de una gran sensibilidad. ¿Hubo alguna experiencia o motivación personal que haya marcado su decisión de involucrarse en esta causa?
«Sí, absolutamente. Durante más de 17 años trabajé en empresas internacionales en roles de liderazgo, y esa experiencia me permitió conocer de cerca cómo funciona el mercado laboral, cómo se toman decisiones y cómo se construyen, o se interrumpen, las trayectorias profesionales a lo largo del tiempo.
Siempre tuve además una mirada muy sensible y atenta a las problemáticas sociales y a las desigualdades que atraviesan la vida de las personas, especialmente de las mujeres. Hubo también un punto de inflexión personal cuando decidí alejarme del mundo corporativo con la llegada de mi segundo hijo. Si bien fue una decisión personal, en ese momento sentía muy difícil compatibilizar las exigencias, los tiempos y la cultura laboral con la crianza y la vida familiar.
Y ahí empecé a preguntarme cómo hacían otras mujeres que quizás no contaban con las mismas posibilidades, redes, formación o contención.
A partir de la escucha y la investigación, empecé a ver algo que se repetía constantemente: mujeres que habían quedado fuera o alejadas del mercado laboral por años dedicados al cuidado de hijos, padres u otros familiares. Y al querer regresar se encontraban con múltiples barreras: prejuicios por edad, falta de actualización, pérdida de redes de contacto, inseguridad y un mercado laboral que muchas veces ya no las miraba.
Y esto atravesaba realidades muy distintas. Algunas tenían formación y experiencia previa; otras, menos oportunidades y menos recursos. Pero en todos los casos aparecía algo en común: trayectorias laborales modificadas por responsabilidades de cuidado que socialmente aún siguen siendo poco valoradas.
En ese momento tampoco se hablaba con tanta fuerza de temas como corresponsabilidad, longevidad, envejecimiento poblacional o edadismo, aunque muchas mujeres ya estaban viviendo esas consecuencias concretamente.
Ahí entendí que no se trataba de casos aislados, sino de una problemática estructural profundamente invisibilizada y muy poco acompañada desde lo social. Mujeres que todavía tenían muchísimo para aportar, aprender y construir, demasiado jóvenes para la vida, pero consideradas “grandes” para el mercado laboral.
Desde entonces decidí enfocar mi trabajo en generar oportunidades concretas, acompañamiento y comunidad para quienes muchas veces sienten que el sistema ya no las contempla. De ahí surge Fuerza Mujeres.»
-Fuerza Mujeres acompaña procesos de formación, empleabilidad y herramientas para el desarrollo. ¿Cuáles son hoy los principales programas o talleres desde los que buscan generar impacto económico y social en las participantes?
«Actualmente trabajamos principalmente desde dos grandes líneas de impacto.
Por un lado, el programa Acción por Retorno al Empleo (ARE), donde acompañamos a mujeres +40, +50 y +60 en procesos de reinserción laboral a través de herramientas de empleabilidad, actualización digital, fortalecimiento de la confianza, red de contactos y acompañamiento emocional.
Y por otro lado, el programa Fuerza Emprendedora +40, orientado a mujeres que buscan generar o fortalecer un emprendimiento como camino de autonomía económica y desarrollo personal.
Además, durante todo el año desarrollamos talleres vinculados a habilidades digitales, educación financiera, marca personal, herramientas de gestión, diversidad etaria y empleabilidad, tanto para participantes como para empresas y organizaciones.
Hoy también contamos con una comunidad activa de más de 400 mujeres de todo el país, algo que consideramos fundamental porque muchas veces el valor no está solo en la capacitación, sino también en sentirse acompañadas, comprendidas y parte de una red.
Nuestro objetivo no es únicamente brindar herramientas técnicas, sino también reconstruir confianza, generar comunidad y abrir oportunidades reales.»
-Desde el trabajo cotidiano de la organización, ¿qué desafíos siguen encontrando hoy muchas mujeres a la hora de buscar trabajo o desarrollar sus propios proyectos?
«Uno de los mayores desafíos sigue siendo el edadismo, especialmente a partir de los 45/50 años. Muchas mujeres quedan automáticamente excluidas de búsquedas laborales independientemente de sus capacidades, experiencia o potencial. Y muchas veces ese prejuicio no es solamente social o del mercado laboral, sino también propio, después de años sintiendo que quedaron afuera.
A eso se suma que gran parte de nuestras participantes interrumpieron o ralentizaron sus trayectorias laborales por tareas de cuidado no remuneradas, un trabajo fundamental para la sociedad que todavía sigue teniendo poca valoración económica y profesional. Sin embargo, esos años también desarrollan habilidades muy valiosas: organización, adaptación, resolución de problemas, empatía, gestión y resiliencia.
La falta de redes profesionales activas, los años fuera del mercado laboral y la necesidad de volver a sentirse “listas” para un mercado de trabajo en permanente transformación son parte de los grandes desafíos que vemos todos los días.
Otro aspecto importante tiene que ver con el contexto social y económico. Muchas mujeres llegan con trayectorias laborales fragmentadas, sin formación suficiente para acceder a empleos de calidad o con enorme preocupación por su futuro económico, incluso sabiendo que probablemente no llegarán a una jubilación suficiente o estable.
En el caso de las emprendedoras, muchas veces el emprendimiento surge como alternativa frente a la dificultad de conseguir empleo o como una manera de poder conciliar mejor la vida personal y laboral. Pero allí también aparecen desafíos importantes: formación en negocios, acceso a inversión, comercialización y sostenibilidad en el tiempo.
Por eso nuestro trabajo no aborda solamente herramientas técnicas, sino también el aspecto humano, emocional y comunitario.»
-Los procesos de transformación personal suelen generar aprendizajes mutuos. ¿Qué le enseñaron a usted, a nivel humano, las mujeres que transitan por los programas de la organización?
«Me enseñaron enormemente sobre resiliencia, fortaleza y capacidad de volver a empezar.
Conocí mujeres que atravesaron situaciones muy difíciles y aun así siguen buscando oportunidades, capacitándose, reinventándose y acompañando a otras. Eso genera una enorme admiración.
También aprendí la importancia de la comunidad y del acompañamiento. Muchas veces un espacio donde alguien escucha, valida y cree en una persona puede ser el primer paso para que vuelva a confiar en sí misma.
Y creo que algo muy movilizador es ver cómo, cuando una mujer logra recuperar autonomía económica y confianza, el impacto no es solamente individual: transforma familias, entornos y futuras generaciones.
En lo personal, ellas también me enseñaron muchísimo sobre la empatía, la escucha y la importancia de sostener espacios humanos en tiempos donde todo parece acelerado y descartable. Hay historias de vida muy potentes detrás de cada participante, y ser parte de esos procesos es profundamente transformador también para mí.»
-A medida que Fuerza Mujeres se expande, aparece el desafío de la escala. ¿Cómo logran acompañar cada vez a más personas sin perder la cercanía y el seguimiento personalizado que las caracteriza?
«Ese es uno de nuestros desafíos más importantes y también uno de nuestros mayores cuidados.
Intentamos crecer sin perder la esencia humana del acompañamiento. Por eso trabajamos mucho en comunidad, redes de apoyo, seguimiento cercano y construcción de vínculos genuinos.
En mi caso personal, aunque dirijo la organización, sigo estando presente en talleres, encuentros y capacitaciones porque para mí es muy importante mantener cercanía con las participantes, conocer sus necesidades reales y que ellas también puedan sentir confianza y cercanía con el espacio.
Muchas veces eso implica muchísimo tiempo y esfuerzo, pero también es una de las cosas que más disfruto y que nunca quisiera perder. Creo que gran parte de la identidad de Fuerza Mujeres está justamente en ese clima humano y de comunidad que se genera.
La virtualidad además nos permitió llegar a mujeres de distintas provincias del país y construir una comunidad verdaderamente federal. Y hacia adelante soñamos también con fortalecer redes y referentes locales que permitan ampliar el impacto territorial sin perder nuestra esencia y metodología de acompañamiento.»
-El premio EOY destaca la labor del emprendedor detrás de la causa. ¿Qué significado tiene este reconocimiento para usted y para la red de mujeres que sostienen día a día la organización?
«Fue un reconocimiento profundamente movilizador y significativo. Por un lado, porque visibiliza una problemática que muchas veces permanece invisible: la exclusión laboral de mujeres adultas y las consecuencias económicas, emocionales y sociales que eso genera.
Y por otro lado, porque sentimos que este premio no es solamente personal. Representa el enorme trabajo y compromiso de muchas mujeres, voluntarios, profesionales, aliados y personas que sostienen esta causa desde hace años con muchísima vocación.
Las organizaciones sociales muchas veces trabajamos con recursos económicos muy limitados, lo que dificulta invertir tiempo y recursos en visibilización o comunicación externa. Por eso, este reconocimiento tiene un valor enorme: nos impulsa, nos da visibilidad y ayuda a que esta problemática pueda ocupar más espacio en la agenda social y empresarial.
Además, nuestra causa necesariamente requiere el involucramiento de empresas como actores sociales comprometidos con el cambio. Y en ese sentido fue muy simbólico y emocionante compartir el escenario con grandes referentes empresariales, sintiendo que las problemáticas sociales también merecen ese mismo espacio de reconocimiento e importancia.
Por todo eso vamos a estar siempre profundamente agradecidas con EY.»
-Mirando hacia el futuro, ¿cuáles son los sueños o los próximos grandes hitos que le gustaría que Fuerza Mujeres pudiera alcanzar en los próximos años?
«A nivel social, sueño con una sociedad donde ninguna persona quede excluida del mundo laboral por su edad y donde las tareas de cuidado sean reconocidas como un plus y no como una desventaja, siendo una experiencia valiosa y esencial que también desarrolla capacidades humanas y profesionales fundamentales tanto para el mundo laboral como para construir una sociedad más empática, sostenible e inclusiva.
Y desde Fuerza Mujeres queremos seguir creciendo para llegar a muchas más mujeres, ampliar programas y fortalecer alianzas con empresas, organizaciones y actores sociales comprometidos con la inclusión y el impacto social.
También nos gustaría seguir desarrollándonos como organización referente en temas de empleabilidad, emprendedurismo, longevidad y género, aportando una mirada innovadora sobre los desafíos del envejecimiento poblacional y el futuro del trabajo.
Hoy logramos llegar virtualmente a mujeres de distintas provincias del país, pero hacia adelante soñamos también con fortalecer redes y referentes locales que permitan generar más presencia territorial y acompañamiento cercano en distintos lugares de Argentina.
Y, sobre todo, queremos seguir construyendo comunidad. Que cada vez más personas puedan volver a proyectar un futuro con trabajo, autonomía, propósito, vínculos y oportunidades, independientemente de la etapa de la vida en la que se encuentren.»














