martes 19, mayo 2026

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El desafío de detectar a tiempo la hipertensión pulmonar

En el mes de la hipertensión pulmonar, el cardiólogo Adrián Lezcano explica por qué esta enfermedad “silenciosa” tarda años en diagnosticarse y cómo cambió su tratamiento.

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Con síntomas que suelen confundirse con otras patologías, la hipertensión pulmonar continúa enfrentando un gran desafío: llegar a tiempo al diagnóstico. En esta entrevista con unirSe, el cardiólogo Adrián Lescano analiza las dificultades para detectar la enfermedad, los avances en los tratamientos y la importancia de la sospecha clínica.

Alrededor de 52 personas por cada millón de habitantes padecen hipertensión pulmonar (HP), una enfermedad poco frecuente que afecta a los pulmones y al corazón, y que puede resultar mortal si no se detecta a tiempo.

La hipertensión pulmonar es una enfermedad poco frecuente, de baja prevalencia, por ende, es rara.”

Uno de los principales desafíos que presenta esta patología es el diagnóstico tardío. El tiempo promedio para identificarla supera los dos años y más del 70% de los pacientes reciben el diagnóstico en estadios avanzados. Esta demora se debe, en gran parte, a que sus síntomas iniciales, como la falta de aire o el cansancio, suelen confundirse con otras enfermedades más frecuentes.

“Lamentablemente, los pacientes nos llegan cuando les falta el aire en condiciones de reposo, a veces o con mínimo esfuerzo, lo cual habla de que la enfermedad lleva un año, 2 años, 3 años de evolución. Y, obviamente, cuanto más tarde llegamos al diagnóstico de una enfermedad crónica cardiopulmonar, peor es el pronóstico.” 

En este contexto, y en el marco del mes en el que se conmemora el Día Mundial de la Hipertensión Pulmonar, la comunidad médica y asociaciones de pacientes impulsan una campaña de concientización bajo el lema “Detección Precoz es Vida”, con el objetivo de reducir drásticamente los tiempos de diagnóstico y promover una mayor visibilidad sobre esta enfermedad. La detección temprana es clave para mejorar la expectativa y la calidad de vida de quienes conviven con esta patología.

La hipertensión pulmonar se caracteriza por un aumento anormal de la presión en las arterias que transportan la sangre desde el corazón hacia los pulmones. A diferencia de la hipertensión arterial sistémica, esta enfermedad afecta específicamente el circuito pulmonar, sobrecargando el ventrículo derecho del corazón y pudiendo derivar, sin tratamiento oportuno, en insuficiencia cardíaca.

Los especialistas la definen como una “gran simuladora” porque sus síntomas suelen confundirse con cuadros como asma, ansiedad o ataques de pánico, lo que retrasa el diagnóstico y, en consecuencia, el inicio del tratamiento adecuado.

“Esta enfermedad es un gran simulador, porque puede ser igual a la insuficiencia cardíaca, igual al EPOC, igual un paciente con cardiopatía isquémica puede presentarse de otra forma clínica. Y hacer el diagnóstico de hipertensión pulmonar, sospecharlo y confirmarlo, requiere de un andamiaje intelectual y de estudios clínicos. Por ende, para mí la clave es la sospecha clínica, no solo de la comunidad médica sino de la comunidad en general: pensar en la patología. Hemos diagnosticado pacientes por sospechas de familiares, por ejemplo.” 

 

Entre las principales señales de alerta se encuentran:

  • Falta de aire progresiva, especialmente al realizar esfuerzos cotidianos como subir escaleras, caminar, vestirse o bañarse.
  • Cansancio extremo y debilidad persistente.
  • Mareos o pérdida de conocimiento.
  • Hinchazón en tobillos y piernas.

Debido a que se trata de una enfermedad poco frecuente —se estiman unos 2.500 casos en Argentina—, la sospecha clínica resulta fundamental para llegar a un diagnóstico oportuno.

Los especialistas remarcan la importancia del monitoreo activo en poblaciones de riesgo, como pacientes con enfermedades del tejido conectivo —por ejemplo lupus o esclerodermia—, cardiopatías congénitas y enfermedades pulmonares crónicas como EPOC o EPID.

“Hoy tenemos pacientes con seguimiento de más de dos décadas. Los tratamientos se ajustan y pueden ser orales, inhalatorios, subcutáneos o intravenosos, en base al riesgo de los pacientes.” 

Los expertos subrayan que la detección temprana no solo representa un beneficio clínico para los pacientes, sino también una estrategia de sostenibilidad para el sistema sanitario.

Llegar rápidamente al diagnóstico correcto permite evitar internaciones prolongadas, el deterioro progresivo de la enfermedad y tratamientos ineficaces.

En los últimos años, los avances terapéuticos modificaron significativamente el pronóstico de la hipertensión pulmonar. Actualmente existen tratamientos efectivos, como inhibidores de la fosfodiesterasa, antagonistas de endotelina, prostanoides e inhibidores de la señalización de la activina, que lograron mejorar tanto la calidad de vida como la sobrevida de los pacientes.

“En Argentina, por suerte, somos uno de los pocos países en el mundo que tenemos el abanico de opciones para el tratamiento de la hipertensión pulmonar. Esto es un motivo grande de orgullo.” 

En paralelo, el acompañamiento emocional y el acceso a información confiable también cumplen un rol central. En Argentina, la asociación civil HIPUA, fundada en 2009, se consolidó como una organización de referencia para brindar asesoramiento, contención y acompañamiento tanto a pacientes como a sus familias durante todo el proceso de la enfermedad.

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