miércoles 4, noviembre 2026

Comunicamos sustentabilidad

Las reglas abren el camino, las personas sostienen el cambio

En el marco de Conversaciones que Transforman 2026, Isela Costantini, asesora del directorio de Grupo ST, analiza los desafíos de las finanzas sostenibles, el rol de las empresas y la importancia de integrar el impacto social y ambiental a la cultura organizacional.

Durante los últimos años, la sostenibilidad comenzó a ocupar un lugar cada vez más relevante en las decisiones del sistema financiero. La evaluación de riesgos, las condiciones de acceso al capital y las perspectivas de crecimiento de las empresas incorporaron nuevas variables ambientales y sociales. Como plantea el capítulo sobre finanzas sostenibles de Informe Conversaciones que Transforman 2026, este cambio amplía la mirada sobre el valor de una organización y también sobre su capacidad para gestionar riesgos y sostenerse en el tiempo.

Sin embargo, el avance de esta agenda todavía enfrenta obstáculos. La flexibilización de algunas exigencias regulatorias, las dificultades para desarrollar nuevos instrumentos financieros y las limitaciones de acceso al financiamiento muestran que la transformación no depende únicamente de las normas o de la disponibilidad de capital. También requiere información confiable, capacidades dentro de las organizaciones y condiciones que permitan que más empresas puedan participar.

En esta entrevista, incluida en el infome,  Isela Costantini, asesora del directorio de Grupo ST, analiza la evolución de las finanzas sostenibles, el impacto de los cambios regulatorios y las oportunidades que todavía necesitan desarrollarse. Desde su experiencia en el sector financiero, también plantea por qué la continuidad de esta agenda depende, en última instancia, de que la sostenibilidad deje de ser una exigencia externa y se convierta en parte de la cultura y las decisiones de las organizaciones.

¿Qué cambió en estos últimos años en la manera en que las empresas y el sistema financiero miran la relación entre sostenibilidad, riesgo y creación de valor?
Uno siempre habla de cuánto esto viene de la naturaleza y del ADN de los dueños o de los líderes, y cuánto entra por lo normativo. Hace algunos años, las normativas de triple impacto empezaron a tener una injerencia muy grande en la toma de decisiones de las empresas.

Los fondos de inversión empezaron a decir “si estas empresas no tienen en cuenta la huella de carbono que dejan, no las miramos”. Establecieron una serie de métricas y hubo una corrida importante de instituciones financieras que dijeron “ok, miremos qué clientes tenemos”.

Lo primero que uno miraba eran la minería y la energía, los sectores conocidos como los más difíciles para atender el triple impacto. Europa estuvo muy a la vanguardia y la Unión Europea empezó a establecer estándares y controles.

Siempre digo que, a veces, las reglas marcan un camino y, cuando uno empieza a recorrerlo, después dice “ok, esto tiene lógica”. Tenía un costo y ahora ya no lo vemos solamente como un costo. Tiene un impacto positivo.

¿Qué sucede cuando esa presión regulatoria disminuye?
Luego cambia el contexto internacional y se relajan las reglas, las leyes y las presiones. Las empresas que estaban tan enfocadas empiezan a sacar el pie del acelerador.

La Unión Europea también disminuye parte de las exigencias que tenía previsto implementar, aunque continúa incentivando y promoviendo esta agenda.

Es obvio que, si la presión se hubiera mantenido, hoy estaríamos en otro nivel.

Cuando el cambio empieza a ser cultura

Para Costantini, la disminución de las exigencias no borra el recorrido realizado. Durante los años en que las normas impulsaron el cambio, también se modificaron las personas que trabajaban dentro de las organizaciones.

Ya no son solo los fondos, los clientes empiezan a mirar esta alternativa. Y quienes comenzaron como analistas en proyectos vinculados con el triple impacto hoy empiezan a ocupar posiciones gerenciales y de liderazgo. Al mismo tiempo, nuevas generaciones ingresan al mundo laboral buscando que el trabajo se relacione con sus valores y su propósito.

¿Qué permite que esta agenda se sostenga más allá de las reglas?
Estamos en otra época, con una nueva generación de colaboradores y líderes. Es una generación que busca propósito. El trabajo tiene que estar dentro de su propósito de vida y conectado con sus valores. Dentro de esos valores está hacer el bien a la sociedad o, por lo menos, no hacerle daño.

Los jóvenes que venían trabajando en estos proyectos como analistas ahora empiezan a ser gerentes y líderes. Y tenemos una generación nueva que entra, que son los analistas de hoy. Entonces, empieza a verse un fenómeno dentro de las organizaciones y en la forma en que cada empresa trabaja el triple impacto.

A pesar de que las leyes están más relajadas, las empresas siguieron avanzando porque creían en ese propósito y porque ya forma parte de una cultura organizacional.

Creo que la mejor forma de sostener esta agenda a lo largo del tiempo es que surja desde dentro de la organización. No por una regla o un mandato externo, sino porque las personas realmente sienten que ese es el camino que tienen que seguir.

¿Cuál es hoy uno de los principales obstáculos para que las finanzas sostenibles puedan avanzar?
Todavía hay una carencia muy grande de educación financiera. Falta conocimiento sobre las herramientas de financiación y, cuando uno llega al mundo más profesional, donde las empresas necesitan fondeo, esa falta de conocimiento sigue apareciendo.

Hay PyMEs en la Argentina que aún no saben cómo buscar financiamiento para su crecimiento y desarrollo. También falta conocimiento sobre las herramientas que pueden utilizarse y que, además, tienen un impacto social, como las finanzas sustentables.

Herramientas que todavía no llegan a todos

Costantini también sitúa parte del desafío en el otro lado de la relación. Desarrollar instrumentos financieros sostenibles exige más tiempo, recursos y capacidades. A la vez, las empresas que buscan acceder a ellos necesitan métricas, trazabilidad e información que permita comparar resultados.

¿Qué condiciones y qué conversación se necesitan para ampliar estos instrumentos?
Hay instrumentos financieros que se tienen que seguir desarrollando desde el sector financiero, pero ese proceso también debe estar acompañado por los entes regulatorios. El costo, el tiempo y los recursos necesarios para estructurarlos son mayores.

Por un lado, las empresas necesitan métricas y trazabilidad para mostrar su huella de carbono o cómo gestionan el impacto de la licencia social. Pero también se necesitan condiciones que permitan a las instituciones financieras seguir desarrollando estas carteras de productos.

Generalmente, cuando existe un planteo sectorial, las cámaras lo llevan ante los reguladores y el Gobierno para poner sobre la mesa los desafíos y trabajar conjuntamente. En finanzas sostenibles todavía no existe una mesa de trabajo que reúna a las asociaciones de bancos, la CNV, el Banco Central, BYMA y las instituciones financieras.

Hoy, un banco o una gestora puede lanzar un bono o una obligación negociable verde, pero continúa siendo un producto más dentro de su portafolio. Individualmente resulta difícil explicar que facilitar su desarrollo no representa un beneficio particular para una institución, sino una oportunidad que el sector debería impulsar para la sociedad.

Al final, somos las personas

Detrás de las regulaciones, las métricas y los productos financieros, Costantini vuelve a colocar a las personas. En Grupo ST, esa mirada parte de una cultura que define prioridades, pero no establece una cantidad de productos sostenibles que deban lanzarse ni una cifra que necesariamente deba alcanzarse.

¿Cómo se traduce esa relación entre finanzas y sostenibilidad dentro de Grupo ST?
El propósito de Grupo ST es impulsar el crecimiento de las personas, organizaciones y empresas, acompañando el crecimiento de nuestros clientes y, con ello, hacer crecer al país. No creemos que esto sea un anuario para mostrar todas las cosas que hacemos con relación al triple impacto. Está muy claro cuáles son los pilares en los que queremos trabajar.

Al final, son las personas dentro de las instituciones financieras las que empiezan a ver oportunidades y dicen “me gusta, voy a crear este producto, quiero empezar a comercializarlo”.

No tenemos como objetivo “este año tenemos que lanzar tantos instrumentos financieros sostenibles” o “tenemos que tener tanta plata invertida”. Tiene que salir como algo más natural y vemos que sigue creciendo.

Por más que haya números o sociedades anónimas, somos las personas. Y son las personas las que dicen “yo puedo hacer una obligación negociable normal o puedo hacer una obligación negociable verde. La verde me va a tardar más, me va a dar más trabajo, pero la quiero hacer”.

Cuando es con convicción y con propósito, la gente se contagia. Entonces se empieza a decir “es más engorroso, pero vale la pena”. Hacemos algo para que quede, no simplemente para generar el impacto de una obligación negociable tradicional.

Las reglas pueden iniciar el movimiento y generar las condiciones para que avance. Pero su continuidad depende de que la agenda se incorpore a la cultura y encuentre personas dispuestas a sostenerla, aun cuando hacerlo demande más tiempo, recursos y esfuerzo.

ACCEDER AL INFORME COMPLETO
VER VIDEO DEL EVENTO DE CIERRE DE CONVERSACIONES QUE TRANSFORMAN 2026

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