La relación con las comunidades cambió y también el contexto en el que empresas y organizaciones sociales trabajan para generar impacto. Y eso obliga a revisar estrategias, vínculos y formas de hacer.
Ese fue el punto de partida del encuentro de Conversaciones que Transforman, ciclo que organizamos junto a Hilton Buenos Aires bajo la consigna “Vínculo, desarrollo e impacto”.
En esta oportunidad contamos con la presencia de Alexandra Carballo Frascá, directora de Fundación Cultura de Trabajo; Roberto Dabusti, Gerente de Inversión Social de Axion Energy; Javier García Moritán, Director Ejecutivo de GDFE; Jesica Pullo, diseñadora, artista textil y fundadora de BIOTICO; Mirta Maglietta, Gerente de RSE & Sustentabilidad de EY Argentina; y Clariana Vanoni, Gerente de PR, RSE y Sustentabilidad de Hilton Buenos Aires.
Una evolución que hoy vuelve a ponerse a prueba
Durante décadas, gran parte del trabajo con las comunidades estuvo asociado a modelos asistencialistas. Cuando la sostenibilidad fue permeando en las organizaciones y se consolidó una mirada de triple impacto, fuimos testigos de la evolución hacia estrategias más planificadas, con objetivos de largo plazo, desarrollo de capacidades y búsqueda de autonomía. El desafío hoy no es simplemente continuar con ese modelo, sino poder sostenerlo.
La retracción de equipos y recursos vinculados a la agenda social, sumada a un contexto menos orientado a lo aspiracional, obliga a las organizaciones a revisar prioridades y a encontrar nuevas formas de hacer y comunicar su trabajo.
Este cambio que estamos viviendo podríamos no tomarlo como un retroceso, sino como un bucle en la realidad de un país y un entorno global que da giros en su manera de abordar las problemáticas existentes.
Del desafío a la acción
Roberto Dabusti: “Considero que uno de los mayores desafíos que tenemos en áreas de inversión social, es tener la capacidad de ir palpando las necesidades reales de esa comunidad. Para ello, se requiere una permanente escucha y mirada a todos los grupos de interés. Un gran desafío sin duda en la actualidad es ver de qué manera la IA nos sirve como una herramienta para hacer nuestro trabajo más eficiente, como así también el de las organizaciones sociales con las que trabajamos. Por eso mismo, estamos implementando un programa de capacitación en IA destinado a organizaciones de la sociedad civil.”
Javier García Moritan: “Para lograr impactos más transformadores en los territorios la inversión social privada tiene que seguir evolucionando del individualismo metodológico a la acción colectiva. Porque solo alineando esfuerzos, capacidades y recursos podremos hacer la diferencia en términos de escala y largo plazo. A su vez, el fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil, entendidas como entidades intermedias, clubes, centros culturales o comunitarios, bibliotecas y otros tiene que ser un objeto central del apoyo para reconstituir el entramado social.”
Mirta Maglietta: “Creo que uno de los principales desafíos que afrontamos es lograr que las iniciativas de impacto social alcancen una escala significativa mas allá de lo que directamente hagamos cada uno de nosotros.
Desde EY buscamos promover alianzas con algunas organizaciones sociales y/o privadas que tengan impacto en los pilares de nuestra estrategia corporativa y el ecosistema emprendedor. La colaboración es clave para escalar soluciones, compartir conocimientos y movilizar recursos que permitan generar un impacto mas profundo y sustentable en la Comunidad.”
Jesica Pullo: “Uno de los principales desafíos que vemos es lograr que las empresas generadoras de residuos se involucren activamente y apoyen este tipo de iniciativas. Para nosotros, ese acompañamiento es clave porque nos permite recuperar sus materiales, transformarlos en nuevos productos de diseño y, al mismo tiempo, seguir generando oportunidades de trabajo para personas con discapacidad intelectual. Creemos que cuando las empresas entienden que su scrap puede convertirse en una herramienta de inclusión, el impacto positivo se multiplica.
Alexandra Carballo Frascá: “El desafío más persistente que identificamos es el de la sostenibilidad del impacto. No alcanza con que una persona consiga un empleo: el verdadero indicador de transformación es que pueda sostenerlo en el tiempo. Y eso requiere algo que los modelos asistencialistas clásicos raramente contemplan — un acompañamiento que no termina el día de la incorporación laboral.
Desde Fundación Cultura de Trabajo lo abordamos con lo que llamamos acompañamiento reforzado: un seguimiento personalizado que va desde el momento de la entrevista de admisión hasta los meses posteriores a la inserción. Combinamos formación en oficios con alta demanda — electricidad, plomería, gastronomía, economía del cuidado — con orientación laboral, apoyo concreto para eliminar barreras materiales (viáticos, indumentaria, documentación), y trabajo articulado con más de 600 organizaciones y decenas de empresas. Ese entramado es lo que permite que el impacto no quede en una foto puntual sino que genere trayectorias reales.
El segundo desafío, igualmente urgente, es el de la escala. Tenemos metodología probada, métricas, aprendizajes acumulados desde 2016. El cuello de botella no es el saber-hacer: es la capacidad de financiamiento. Ahí es donde la conversación entre pares como esta se vuelve imprescindible.
El impacto necesita escala
La conversación puso en evidencia que las iniciativas individuales no alcanzan por sí solas para transformar problemas complejos porque no cambiamos realidades con la suma de individualidades, sino con trabajo conjunto.
La escala requiere articular capacidades, conocimientos y recursos. Entonces, las alianzas entre empresas, organizaciones sociales y otros actores aparecen como una herramienta para ampliar el alcance y evitar la dispersión de esfuerzos.
También implica pensar el impacto más allá de los resultados directos. Una oportunidad laboral que se sostiene, una organización social que fortalece sus capacidades o un material que vuelve a la cadena productiva pueden generar efectos que exceden la acción inicial.
Más allá de la acción individual
Las experiencias compartidas mostraron que el vínculo con las comunidades requiere escucha y conocimiento de las necesidades reales, pero también organizaciones capaces de sostenerlo.En ese entramado tienen un papel central las organizaciones de la sociedad civil y otras entidades intermedias que construyen relaciones cotidianas con los territorios. La experiencia de BIOTICO mostró, además, cómo la fragilidad de esas estructuras puede afectar modelos que combinan inclusión laboral, circularidad y generación de oportunidades.
Frente a desafíos cada vez más complejos, la articulación deja de ser un complemento para convertirse en una condición para ampliar el impacto. Empresas con recursos y oportunidades, organizaciones con conocimiento y vínculos territoriales y otros actores con capacidades específicas pueden generar, juntos, respuestas que difícilmente alcanzarían de manera aislada.
Cuando el diálogo es posible
Javier García Moritan: “El intercambio franco, genuino entre colegas que responden comprometidamente y no solo desde la corrección política. Crear este tipo de encuentros para pensar el contexto de nuestras intervenciones y el modo en que esas intervenciones tienen lugar, es fundamental para salir de la inercia. Escucharnos nos ayuda a tomar conciencia hacia dónde estamos yendo y qué límites necesitamos expandir.”
Alexandra Carballo Frascá: “Me llevo algo que no suele aparecer en los informes ni en los paneles: la honestidad sobre las tensiones internas de cada espacio al momento de redefinir su rol frente a la comunidad, es valioso este formato con una horizontalidad real. «No nos salvamos solos» — es una descripción bastante precisa de lo que pasa cuando una empresa tiene las vacantes y no tiene el vínculo con la comunidad, y una organización como la nuestra tiene el vínculo pero no siempre tiene acceso a esas vacantes. La conversación que se genera en este espacio es exactamente el puente.”
Mirta Maglietta: “Me llevo la riqueza de un intercambio genuino, la autenticidad del intercambio entre personas con trayectorias, miradas y experiencias muy diversas, pero que tenemos la certeza de que “nadie se salva solo”.
Un espacio donde fue posible compartir aprendizajes, desafíos y también dudas con total apertura.
Este espacio permite también generar nuevas ideas y construir vínculos de confianza.”
Jesica Pullo: “Me llevo el haber conocido personas muy abiertas a generar redes genuinas de colaboración. Más que un espacio para intercambiar ideas, sentí que se empezó a construir una comunidad de personas dispuestas a sostenerse mutuamente y a crear, entre todos, un futuro que nos incluya a todos y respete tanto a las personas como al ambiente.”
Roberto Dabusti: “Me llevo vivencias de colegas y de personas que trabajan en organizaciones que no conocía. Pero sobre todo se pudo palpar la verdadera energía que cada uno le pone a sus proyectos. Eso da esperanzas y nos invita a perseverar a cada uno desde el lugar que le toca estar hoy.”
















