A nivel global, los empleos vinculados con las energías renovables ya superan los 13,7 millones y podrían alcanzar los 38 millones para 2030. Sin embargo, mientras la demanda se dispara, la oferta de trabajadores con habilidades verdes avanza a paso lento. Según el Foro Económico Mundial, las ofertas de empleo sostenibles crecen más del doble de rápido que la adquisición de competencias ecológicas.
Esa brecha no es solo un desafío laboral: es una amenaza directa al ritmo de la descarbonización en sectores críticos como la energía, la manufactura o la industria pesada. Podemos tener la tecnología necesaria para la transición, pero sin las capacidades adecuadas, no lograremos implementarla.
Más que más personas: necesitamos sistemas más inteligentes
Cerrar la brecha de habilidades verdes no se trata simplemente de sumar trabajadores, sino de construir sistemas inteligentes que permitan a las personas hacer más con lo que tienen.
Aquí entra en escena la inteligencia artificial. A diferencia de otras revoluciones tecnológicas, su impacto es más rápido, más profundo y más transversal. En la industria, la IA no solo hace que los procesos sean más eficientes: también empodera a los trabajadores para tomar mejores decisiones, adaptarse más rápido y liderar la transformación hacia un modelo sostenible.
Replantear qué entendemos por “fuerza laboral sostenible”
Hablar de sostenibilidad suele remitirnos a emisiones o energía limpia. Pero también es necesario repensar cómo diseñamos el trabajo. Una verdadera fuerza laboral sostenible debe ser:
- Resiliente, capaz de moverse con confianza en entornos cambiantes.
- Recualificada, donde el conocimiento no se pierda con la jubilación, sino que se comparta entre generaciones.
- Rediseñada, con tareas seguras y significativas que se vean potenciadas, no reemplazadas, por la inteligencia artificial.
El software y la inteligencia industrial permiten que ese conocimiento se preserve, personalizan las trayectorias de aprendizaje y automatizan tareas repetitivas, liberando tiempo para el pensamiento crítico y la toma de decisiones.
Tres pasos para una transición con IA y talento
- Romper los silos y compartir información.
El valor real de la IA no está solo en la automatización, sino en la información que genera. Pero esa información solo sirve si circula. En empresas como Dominion Energy (EE. UU.), el uso de software en la nube permite compartir datos energéticos en tiempo real y acelerar las metas de descarbonización. La colaboración, más que la competencia, será el motor del éxito sostenible. - Diseñar sistemas de aprendizaje continuo.
La IA no sustituye el conocimiento humano, lo amplifica. Al integrarla en los flujos de trabajo, las compañías pueden acelerar la capacitación, preservar el saber experto y adaptar la formación a las necesidades locales, como lo hizo Freeport en Indonesia, al traducir y personalizar sus programas digitales. - Convertir la experiencia en infraestructura compartida.
Cada jubilación implica una pérdida de saber valioso. La IA industrial ofrece una solución: incorporar ese conocimiento en herramientas que lo hagan accesible y transferible. En AVEVA, por ejemplo, el Asistente de IA industrial integra décadas de experiencia en una guía contextual, que ayuda a los operarios a resolver problemas complejos con autonomía.
La transición energética no solo depende de tecnologías limpias. También depende de una infraestructura humana sólida. Si queremos descarbonizar el planeta, debemos invertir en las habilidades que harán posible esa transformación.
La IA puede ser nuestra gran aliada, siempre que se diseñe para generar confianza, impulsar el aprendizaje y fortalecer la colaboración. Porque, al final, no se trata de reemplazar a las personas, sino de empoderarlas para construir —con conocimiento y propósito— la industria del futuro.









